Macron presidente: apuntes sobre una elección inédita


Darío Rodríguez

Investigador asociado al CREDA (Paris 3)

Sciences Po / OPALC

 

Emmanuel Macron logró el domingo pasado, 7 de mayo, lo que poco tiempo atrás parecía  imposible. Hace apenas un año, el joven funcionario del Estado francés, ex-banquero y ex-ministro de economía del saliente gobierno de Hollande, fundó su propio movimiento político, En Marcha, con un objetivo claro: refundar el sistema político francés organizado a lo largo de toda la V República a partir de la división partidaria entre dos grandes familias políticas, a la derecha y a la izquierda del espectro ideológico. En un contexto plagado de inquietudes y de miedos de todo tipo (sobre todo en el terreno de la seguridad interna y en el plano económico-social), Macrón logró gracias a una eficaz mezcla de virtud y fortuna transformarse en el octavo presidente de la V República con el respaldo de 66.1% del electoradoi. El análisis de este proceso electoral nos revela una serie importante de rupturas, tanto como un conjunto no menor de interrogantes sobre la futura recomposición del sistema político francés.

 

Ecos de una campaña vertiginosa

 

Cuando a fines de noviembre del año pasado François Fillon obtuvo, sorpresivamente, el 44.1% de los votos en la interna de las fuerzas de la derecha y del centro, nada parecía anteponerse en su camino a la presidencia. Su triunfo, poco después, en el segundo turno frente al candidato favorito en los sondeos, Alain Juppé, delineó el horizonte más temido para el electorado progresista: una confrontación directa en el ballotage entre el ex primer ministro del gobierno Sarkozy, identificado ahora con un mensaje abiertamente neoliberal en lo económico y híper-conservador en el plano social-cultural, y la candidata del Frente Nacional (FN), en pleno ascenso, Marine Le Pen. La tierra del Estado protector y del universalismo de los derechos humanos aparecía atrapada entre dos proyectos contrarios a sus tradiciones políticas y que, sin embargo, lograban seducir a la mayoría de un electorado apático, crítico y desesperanzado, luego de cinco años de un gobierno socialista cuya gestión esfumó la esperanza, siempre contenida, que su triunfo había generado en 2012.

 

Sin embargo, a principios de este año, todo cambió repentinamente. En el marco de una campaña inédita, donde el presidente en funciones decidió no presentarse a causa de su histórica impopularidad y en donde la oferta política se definió por un grado extremo de fragmentación políticaii, las denuncias periodísticas contra Fillion modificaron drásticamente el tablero electoral. Las acusaciones que pesaron contra el candidato de la derecha (contrataciones ilegales, utilización non sancta de los fondos públicos…etc.) deterioraron rápidamente su imagen pública y su estrategia de perseverar malgré tout su candidatura dejó a la derecha frente al peor de los escenarios: la exclusión del segundo turno electoral.

 

Luego de la realización de los dos debates televisivos en el mes de abril, cuatro candidatos conservaron las chances de disputar el control del poder presidencial. La estrategia de la candidata de la extrema derecha se estructuró en este marco a partir del rechazo explícito del proyecto europeo y de sus principales artífices: la tecnocracia radicada en Bruselas. La defensa de un nacionalismo defensivo e integrista se articuló con un rechazo a la elite política, y a su modelo de austeridad económica, ensalzando ahora la defensa del Estado socialiii a partir de una retórica donde su figura se fundía con el pueblo anulando toda distancia representativa. Esta lógica fusional apareció asimismo en el mensaje de Mélanchon pero articulado con un proyecto de sociedad distinto: la tolerancia frente al otro y el respeto democrático del pluralismo social y cultural. Pocos fueron en este sentido los elementos de ruptura con el discurso del candidato socialista, Benôit Hamon, aunque su estrategia de campaña nunca puso en duda la pertenencia francesa a la Unión Europea. El Frexit fue también explícitamente criticado en las propuestas de Fillion y de Macron. Pero si el primero lo hizo en defensa de un modelo de transformación radical al estilo tacheriano, el segundo busco ubicarse en una posición superadora en la cual su centrismo no se tradujo en la moderación de sus propósitos sino en la inclusión en su programa tanto de medidas de izquierda como de derecha, resumido en su slogan “Liberar a Francia y proteger a los franceses”.

 

El triunfo de Macrón y lo que vendrá…

 

El 23 de abril último, Macron logró alcanzar el primer puesto con un 24.1% de los votos desplazando al segundo lugar a Le Pen quién, más allá de haber perdido, obtuvo el mejor resultado en la historia de su partido obteniendo el 21.3% de los votos y totalizando la suma de 7.678.491 votantes. En las puertas del ballotage quedaron Fillion con 20.01% y el líder de la Francia Insumisa con 19.58%iv. Afirmando una clara determinación geográfica en la distribución del votov pero revelando principalmente el curso de transformaciones centrales en el comportamiento del electorado francés, por primera vez los dos principales partidos del sistema político quedaron marginalizados del segundo turno electoral y de la posibilidad entonces de formar parte del gobierno electo. En pocas palabras, la elección pareció entonces revelar, siguiendo lo planteado por Jacques Lévyvi, una conjugación de temporalidades donde la ruptura irrumpió gracias al curso acompasado del cambio.

De cara al segundo turno electoral, dos proyectos de sociedad quedaron claramente expuestos. Por un lado, el programa socio-liberal de Macrón, abierto al mundo, militantemente europeo y apoyado en su mayoría por un votante urbano, informado y educado frente al dogma frentista, fervientemente nacionalista y con un respaldo consistente en los sectores rurales y de bajos recursos tanto económicos como educativos. Salvando las distancias con el 21 de abril de 2002vii, la fórmula del bloqueo republicano no logró durante la campaña aunar las voluntades del electorado francés, principalmente aquél ubicado en la crítica de izquierda al gobierno de Hollande, logrando apelar de este modo así a un voto estratégico y a un apoyo par défaut al candidato presidencial de En Marcha.

 

Sin embargo, los resultados del ballotage arrojaron una diferencia más importante de lo anunciado en favor de Macron alejando, por el momento, el riesgo de un triunfo de la extrema derecha en Francia y confirmando de esta manera la tendencia ya presente en las recientes elecciones presidenciales realizadas en Holanda y en Austria. Con 65.8 % de los votos el movimiento En Marcha resultó victorioso frente al Frente Nacional que obtuvo 34.2% de los sufragios. No obstante esto, diferentes elementos atemperan un puro triunfalismo. Primero, la participación fue la más baja en un segundo turno electoral desde 1969, siendo por primera vez inferior incluso a la del primero. Doce millones de personas decidieron no ir a votar y alrededor de cuatro millones lo hicieron en blanco o anulando su votoviii. Esto revela que Macrón llegó al poder con un respaldo tibio y que deberá construir cuanto antes su popularidad postelectoral si quiere dotar a su gobierno de una capacidad de decisión.

 

Es entonces en el terreno de las elecciones legislativas a realizarse en el mes de junio que hoy se juegan las chances del gobierno electo y el futuro inmediato de Franciaix. En este sentido, la agenda actual se define por los realineamientos y los reposicionamientos centrípetos tanto de la izquierda como de la derecha dejando a los partidos políticos franceses, sobre todo al socialismo, en un inédito estado vegetativo. El dilema de Macron en el corto plazo se conjuga en la expresión de dos desafíos de tensa convivencia: primero, lograr sumar nuevas voluntades ciudadanas hoy escépticas frente a su mensaje, sabiendo que “you campaign in poetry but you gouvern in prose”x, pero también tejer las decisivas y delicadas alianzas electorales de cara a las elecciones legislativas donde su intención de sumar tanto a la derecha como a la izquierda, conjugando al mismo tiempo su misión renovadoraxi, puede generar el riesgo de diluir el rumbo ideológico de su proyecto dejándolo desnudo en la encarnación pura y anti política del pragmatismo técnico.

 

13 de mayo de 2017

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i. En 2016 se realizó por primera vez en Francia una interna en las fuerzas de derecha y del centro para seleccionar el candidato a la presidencia.
ii. Luego de la realización de la interna de las fuerzas de izquierda en el mes de enero, las principales candidaturas que quedaron en carrera fueron la de Marinne Le Pen (Frente Nacional), la de Emmanuel Macron (En Marcha), Jean-Luc Mélanchon (Francia insumisa), la de François Fillon (Los Republicanos) y, finalmente, la de Benôit Hamon (Partido Socialista).
iii. Recordemos que un mensaje proteccionista, defensor de un nacionalismo económico y con vocación distributiva en lo social, desde el cual se buscó seducir a los olvidados de la mundialización, fue una de las piezas claves de la operación de reconversión del Frente Nacional en los últimos años. La otra fue sin duda el proceso de banalización de esta fuerza en virtud del cual se buscó inscribirla en el respeto del marco democrático y republicano que define al régimen político francés.
iv. Fuente: Ministerio del Interior, http://www.gouvernement.fr/resultats-definitifs-du-premier-tour-de-l-election-presidentielle-2017-etablis-par-le-conseil Consultado el 12/05/17.
v. Ver el gráfico del voto por departamento en el anexo de este trabajo.
vi. http://abonnes.lemonde.fr/idees/article/2017/04/26/jacques-levy-maastricht-a-amorce-le-recul-du-clivage-droite-gauche_5117933_3232.html Consultado el 10/05/17.
vii. Recordemos que en dicha fecha el FN accedió por primera vez al ballotage y fue ampliamente derrotado por el frente republicano articulado en torno del candidato Jacques Chirac.
viii. http://www.lemonde.fr/election-presidentielle-2017/article/2017/04/22/la-presidentielle-de-toutes-les-incertitudes_5115554_4854003.html, Consultado el 13/05/17.
ix. Recordemos que la asamblea legislativa se renueva en su totalidad y que se compone de 577 miembros que son elegidos a través de un sistema mayoritario a doble vuelta.
x. Frase atribuida a ex gobernador del Estado de New York, entre los años 1983 y 1994, Mario Cuomo.
xi. Por el momento 50% de los 428 candidatos definidos de En Marcha pertenecen a la sociedad civil. Ver al respecto,http://www.lemonde.fr/elections-legislatives-2017/article/2017/05/11/legislatives-428-candidats-investis-par-la-republique-en-marche-dont-52-issus-de-la-societe-civile_5126300_5076653.html. Consultado el 13/05/17.

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